Autor: Nicolás Llantén[1]

Expresaba un joven José Manuel Balmaceda, durante una reunión de partidarios liberales en 1875:

“Es por esta razón que, hoy como ayer, y en todos los instantes, debemos sostener la proporcionalidad del sufragio, que da expresión a todas las opiniones; la libertad del voto, que es el acto externo de la opinión y de la voluntad del ciudadano; y la ausencia de toda intervención oficial en los actos electorales, que es el complemento de esa obra fundamental en que descansarán los poderes de la República”.

¿De dónde proviene esta idea? Del pensador francés Jean Jacques Rousseau (1712-1778). En su texto “El Contrato Social” (1762), explica lo siguiente:

“Nacido ciudadano en un Estado libre, y miembro del soberano, y por muy débil influencia que pueda ejercer mi voz en los asuntos públicos, me basta el derecho de votar sobre ellos para imponerme el deber de instruirme: ¡dichoso cuantas veces medito acerca de los gobiernos, por encontrar en mis investigaciones razones para amar al de mi país!”

[1] Licenciado en Historia y Educación por la Universidad de Valparaíso (UV), Chile. Magíster en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Puedes descargar este texto, en un documento en formato PDF, haciendo clic aquí