Autor: Nicolás Llantén[1]

Iniciaba su discurso, un joven liberal José Manuel Balmaceda, en 1875, con lo siguiente:

“Señores: a la ciencia humana, que es desarrollo de las más nobles facultades del espíritu; al trabajo, que es el uso de las fuerzas físicas aplicadas por la inteligencia; a la ciencia y al trabajo, fuente de positivo perfeccionamiento para el individuo, de gloria y virtud para el Estado”.

¿De dónde proviene esta idea?  Del filósofo alemán Immanuel Kant (1724-1804). En su texto “¿Qué es la Ilustración?” (1784), explica:

“Ahora bien, si al hallar que mi máxima se adecua rigurosamente, en la ciencia natural, al uso de la razón y si, por ser la única útil para un modo consecuente de pensar, me atengo a ella, la seguiré sin detenerme en aquellos pretendidos hechos, pues para ser hipótesis aceptables toman de alguna máxima previamente elegida lo que los hace creíbles y admisibles”.

[1] Licenciado en Historia y Educación por la Universidad de Valparaíso (UV), Chile. Magíster en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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