Autor: Nicolás Llantén[1]

El mar siempre ha sido visto por la humanidad como un elemento doblemente complejo en la naturaleza. Por una parte, representa lo tenebroso, lo desconocido de la inmensidad, así como también el reflejo de lo tormentoso. Pero también significa la capacidad de establecer lazos con lugares lejanos, un rico lugar donde obtener recursos y claro, un punto sin igual desde el cual poder iniciar un camino de progreso.

Nuestro país, por su intensa geografía tiene al mar, al Océano Pacífico como uno de sus elementos transversales. Prácticamente, junto con el macizo andino, determina su condición orográfica. Sin embargo, por generaciones y años, es muy poco lo que se ha potenciado dicho recurso. Desde los inicios de nuestra vida independiente, si bien se apreció el aspecto marítimo como vía real de arribo del progreso a Chile (sobre todo por los enormes avances en materia de navegación que se estaban realizando a nivel mundial), nuestro país, incluso después de vencer en una complicada guerra, (en donde el factor marítimo sin duda fue determinante), seguía sin mirar adecuadamente el inmenso campo marítimo de progreso y desarrollo que podría significar el poder afianzar y ratificar la soberanía obtenida en el extenso Pacífico. Esta apreciación muy sabiamente ya la había previsto el presidente Balmaceda, el cual en una de sus alocuciones al Congreso pleno, planteaba lo siguiente:

Tan dilatada como es la costa de Chile, no tiene, sin embargo, un puerto propiamente militar. La bahía de Talcahuano, vasta y segura para las naves mercantes, no lo es en grado igual para las de guerra. Por este motivo se han orientado estudios para la formación del puerto de Llico, los cuales, aunque incompletos todavía, comprueban la practicabilidad del proyecto. Formado el puerto de Llico, se podría unir con la ciudad de Curicó por una línea férrea, de fácil realización, y se haría también un puerto comercial de la mayor importancia. Los estudios continuarán hasta terminarse, y si de ellos resultare que el presupuesto de gastos no fuese excesivo, solicitaría de vosotros la autorización para ejecutar una obra que robustecería y completaría nuestro servicio y nuestro poder marítimo en el Pacífico.

Prácticamente, todo el desarrollo que tendrá Chile a nivel marítimo desde fines del siglo XIX en adelante se perfila con esta lúcida visión del presidente Balmaceda, puesto que no solo puso los cimientos para las obras de nuevos puertos, sino también le debemos el sustentar la soberanía  nacional a través de nuevos buques más modernos, ampliación de diques, puertos y muelles y, sobre todo, por la proyección territorial que significó para Chile la incorporación del territorio de Rapa Nui, que estaba próximo a caer en manos de las potencias occidentales, con todo el riesgo estratégico que significaba para nuestro país dichas acciones.

¿Y que hemos visto en el último tiempo? ¿se realizan grandes progresos a nivel del mar? Si, se han realizado, pero se ha perdido el sentido fundamental que tan claramente había percibido Balmaceda: la proyección de soberanía y la consolidación de Chile como un país clave a nivel del Océano Pacífico. Hemos cedido la intención y el rumbo estratégico a cambio de mayores ingresos económicos, pero perdiendo la iniciativa de progreso, de desarrollo interno, volviéndonos cada día más elementos de paso en un mercado mundial en donde el nivel de interconexión marítima es cada vez más relevante. Hemos de cuidar nuestros recursos, defender nuestras riquezas marinas y sobre todo, comprender que en los horizontes marinos se encuentra el futuro de nuestra fuerza, pero no solo como base económica de otros, sino también como el pilar de un progreso que solo puede ser llevado a cabo en función de nuestro país, de nuestra gente. Balmaceda ya lo veía venir durante su gobierno, no lo defraudemos otra vez por intereses mezquinos.

Para saber más:

  • Collier, S., Sater, W. (2018) Historia de Chile, 1808-2017, Madrid: Akal.
  • Devés, E., Sagredo, R., (1992) Discursos de José Manuel Balmaceda. Iconografía. Santiago: Centro de investigaciones Diego Barros Arana.
  • Gaete, J.L., Lobos, M., (2016) Balmaceda siglo XXI., Santiago: Fundación Balmaceda.

[1] Licenciado en Historia y Educación por la Universidad de Valparaíso (UV), Chile. Magíster en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Puedes descargar este texto, en un documento en formato PDF, haciendo clic aquí