Muchas son las causas a que atribuyen los historiadores la independencia de los pueblos de América Hispana; pero ninguna es para nosotros más valedera que la acefalía en que quedó para ellos la Madre Patria, desde la usurpación Napoleónica. Acostumbrados nuestros pueblos, en una siesta de tres siglos, a obedecer la lejana autoridad de los reyes de Castilla, obró, en el corriente de los ciudadanos, la renuncia que Carlos IV y Fernando VII hicieron de su prerrogativa real en el régimen Napoleónico, a modo de un cataclismo, que hubiere hecho desaparecer a la Península Ibérica misma.

Estos hechos inusitados ocurrían precisamente en los momentos en que la ilustración se iba difundiendo en los pueblos americanos. Un comercio formalmente prohibido con cualquier otro país que no fuera España, pero permanentemente practicado con Inglaterra, había permitido a los criollos tener bastante acceso a las fuentes de ilustración, y así, se daban ejemplos en Chile de extraordinaria erudición, como don Manuel de Salas.

Jóvenes patricios tuvieron la suerte de estudiar directamente el movimiento ideológico europeo; otros fueron a luchar por la independencia de la Madre Patria; todos observaron que no podía seguir rigiendo los destinos de América una monarquía decadente y, cual más cual menos, se penetraron de las ideas liberales de la Revolución Francesa, que los ejércitos napoleónicos iban sembrando por Europa.

Esos mismos jóvenes fueron nuestros caudillos. Conscientes del momento histórico que vivían, comprendieron que la difusión de las ideas era una palanca poderosa de sus propósitos de independizar definitivamente a Chile de la Madre Patria. Las obras de los patriotas eruditos debían circular en forma manuscrita; el Catecismo Político Cristiano, estudio anónimo sobre las diferentes formas de Gobierno y alegato en favor del régimen republicano independiente; la patriótica proclama de Camilo Henríquez destinada a difundir las ideas de los Enciclopedistas y a promover la necesidad de que los Poderes Públicos fueran libremente elegidos por el pueblo, en quien reside la soberanía, debieron circular de mano en mano.

El 13 de Febrero de 1812 se funda el primer periódico nacional, «La Aurora de Chile», bajo la dirección del fraile de la Buena Muerte. En sus columnas se difunden profusamente las ideas liberales.

El nacimiento del espíritu liberal en Chile coincide con la fundación de la República; pero como una doctrina informe, que tardará casi cuarenta años en constituir una declaración de principios de un partido políticamente organizado.