Este primer despertar de las ideas liberales fue en un principio incipiente; pero tuvo el mérito de constituir su principio, esa histórica época que el señor Presidente del Partido nos ha encargado señalar.

En los primeros tiempos, sin la cohesión necesaria ni la definición exacta de su ideario, el liberalismo se manifiesta en un anhelo de ordenamiento jurídico de la República y en una oposición a todo régimen de fuerza. No forman, en general, en sus filas los poseedores de la tierra, sino profesionales, intelectuales, militares y artesanos, todos católicos, pero tolerantes. Tienen una absoluta seguridad en la acción creadora de la ley y son dados a la formulación filosófica y jurídica de sus doctrinas. Son los ideólogos, que aun cuando se les menosprecie por algún ilustrado historiador, contribuyeron en forma poderosa a la formación de la República. Sus contemporáneos «pelucones» los llamaron «pipiolos», porque los estimaban polluelos, que «piaban» sus teorías filosóficas y políticas.

Sobreviene la anarquía, consecuencia de no existir normas de Gobierno independiente y de la falta de experiencia política de los ciudadanos; periodo de siete años, en que los legisladores pretenden amoldar la realidad a las nuevas leyes que dictan; anarquía por la falta de una administración ordenada y eficiente, pero no por sus consecuencias, porque los individuos, las creencias, los derechos son respetados.

Es éste un período de ensayos, en el cual participan, también, activamente los pelucones y los federalistas, de desorden inmediato; pero que deja un acervo de experiencia, que prepara el orden que va a venir.

Ilustres militares de tendencia liberal, exaltados por los civiles, participan en el Gobierno, como Freire y Francisco Antonio Pinto; pero no para entronizarse en el poder, ni para establecer el militarismo como régimen de Gobierno, sino para gobernar conforme a sus principios políticos. Si caen es por su propia voluntad, cansados de no encontrar la necesaria cooperación a sus propósitos de bien público. Todos los gobernantes de este periodo presiden los infructuosos ensayos de organizar constitucionalmente la República y se estrellan contra la inexperiencia administrativa, la no adaptación a las Instituciones que trajo la Independencia y la postración económica que a consecuencia de ella sobrevino.