El triunfo de don Manuel Montt en las elecciones presidenciales de 1851 sobre el general penquista don José María de la Cruz, trajo por consecuencia una revolución, que se debió a razones de resistencia al Gobierno centralizador que haría el candidato triunfante. No existió en esta lucha una causa ideológica, pues ambos contendores tenían ideas afines, salvo en cuanto a descentralización administrativa, sistema que el General de la Cruz defendía.

Se acentúa durante este período el desarrollo de la cultura nacional. Los jóvenes que se destacan en los estudios literarios, históricos y filosóficos abrazan el liberalismo, que exige la reforma de la Constitución Política. El exceso de prerrogativas que la Carta otorga al Presidente, que por medio de las facultades extraordinarias -frecuentemente concedidas al Ejecutivo en este período- ejerce la suma del Poder Público, es ardientemente resistido por los liberales.

A mediados del Gobierno de Montt, el liberal don Juan Pablo Urzúa funda «El Ferrocarril», diario destinado a ejercer gran influencia en la opinión pública. Respetuoso de la ideología ajena, el señor Urzúa llama a colaborar en su periódico a las más eminentes capacidades de su tiempo, desde el conservador don Ramón Sotomayor Valdés, hasta el liberal reformista don Benjamín Vicuña Mackenna.