Los liberales de este período no dirigieron los destinos de la República sin dejar huella de su paso por el Gobierno.
El Presidente Pinto fue un erudito, poseedor de una valiosa biblioteca. Era natural que dedicara a la instrucción pública sus principales preocupaciones. Creó colegios de segunda enseñanza, no solamente para hombres, sino, lo que era más extraño en su época, para mujeres. Dió generoso asilo a don José Joaquín de Mora y a su esposa, aventados por la reacción absolutista e intolerante del rey español de aquella época, Fernando VII. Él era un eminente publicista y político; pero ambos eran distinguidos educadores, que prestaron su más eficiente cooperación a los propósitos culturales del Gobierno pipiolo.
Pinto hizo, también, venir a Chile a varios profesores franceses, entre ellos, al eminente don Claudio Gay.
Otra nota saliente de su Gobierno, fue su celo en velar por la integración del territorio nacional, en lo que se destaca la incorporación definitiva a Chile de Chiloé.