El Partido Conservador propiamente tal, doctrinario o clerical, se encontró en la oposición al Gobierno, junto al Partido Liberal. No obstante en diversidad ideológica, el autoritarismo del Presidente Montt los acercó.

El Partido Conservador, moderando su raigambre portaliana, autoritaria, adoptó como Ideario análogos principios que los liberales: la reforma de la Constitución, la atenuación de las prerrogativas del Poder Ejecutivo, la defensa de las libertades públicas, el parlamentarismo.

Don Domingo Santa María y don Federico Errázuriz, altos dirigentes liberales, y don Manuel Antonio Tocornal, prominente conservador, obtuvieron que sus respectivos partidos pactaran la alianza llamada «fusión liberal-conservadora», que inició una ardiente oposición al Gobierno, junto con el Partido Radical, que recientemente nacía a la política.

Aun cuando patrióticamente don Manuel Montt presentó al Senado su renuncia de Presidente de la República, y al no serle aceptada, nombró un Ministerio de conciliación, los ánimos estaban violentamente exaltados.

A principios de 1859 estalló una revolución en el Norte, dirigida por los Gallo y los Matta, patriarcas radicales, con el apoyo de algunos liberales reformistas, como Vicuña Mackenna; pero el grueso de la fusión liberal-conservadora no los siguió, prefiriendo apoyar al candidato a la Presidencia, de transacción, don José Joaquín Pérez.

Los revolucionarios fueron derrotados.