Autor: Nicolás Llantén[1]

Exponía un joven José Manuel Balmaceda, en 1869, con respecto a las relaciones entre la Iglesia y el Estado, lo siguiente:

“En Chile como en América, el gobierno es popular; en Europa, es monárquico; en Chile, el gobierno civil arranca su fuerza de la libertad que el individuo y la sociedad tienen para elaborar sus ideas y sus intereses; en Europa, saca su fuerza de la combinación de todos los poderes reunidos para ahogar la acción individual y la libertad del pueblo, y exaltar así la libertad y el poder del soberano. El ejemplo dado por los organizadores del poder civil en la Europa monárquica no vale como ejemplo de paridad y analogía para lo que nosotros debemos hacer en la América republicana”.

¿De dónde proviene esta idea? Del pensador norteamericano, Thomas Paine (1737-1809). El su texto “Los Derechos del Hombre” (1791), expone lo siguiente:

El gobierno no es una industria que cualquier hombre o cuerpo de hombres tiene derecho a establecer y a ejercer para su particular provecho, sino que es, plenamente, un fideicomiso establecido por la propia autoridad de aquellos que lo delegan y para quienes es siempre revocable. Por sí mismo no tiene derechos; sólo deberes”.

[1] Licenciado en Historia y Educación por la Universidad de Valparaíso (UV), Chile. Magíster en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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