Autor: Nicolás Llantén[1]
La personalidad y el devenir de la figura de Balmaceda, como hemos ido apreciando, nunca dejó indiferente a nadie. Ya sea con sus más cercanos o bien los más enconados enemigos, Balmaceda siempre estuvo en la palestra de aquellos que entendían la importancia de dicha personalidad. Uno de aquellos que no pudo pasar por alto dicha percepción fue el poeta nicaragüense Rubén Darío.
Él (por ese entonces), desconocido poeta había nacido en 1867. De familia humilde, con una temprana afición por las letras, poco a poco logró abrirse paso en los mundos literarios, tanto en su tierra natal como en El Salvador. Con tan solo 19 años decide dar el gran salto en su carrera: viajar a Chile, país al que llega en 1886. Trabajó en lo que pudo, y gracias a su talento literario poco a poco logró llegar a escalar en la intelectualidad chilena de la época, en donde gracias a su amistad con Pedro Balmaceda, el hijo del presidente, pudo dar rienda suelta a sus aficiones líricas. En estos menesteres se encontraba cuando pudo conocer, en persona la figura de nuestro eminente personaje. Así lo describió:
Presentado a él por su hijo el brillante y malogrado A. de Gilbert, tuve la honra de sentarme a su mesa. Estaban allí su madre. Una anciana y venerable dama; su esposa doña Emilia Toro, (…) sus hijos y dos amigos íntimos. (…) En la mesa era la voz del Presidente la que se oía sobre todas, en los mil giros de la conversación. Balmaceda poseía ese agradable chisporroteo de los buenos conversadores y cierta delicadeza de perfección y de juicio casi femenil. Al instante se advertía que de continuo está en tensión el cordaje de sus nervios.
Claramente, la figura del presidente era vista con sus claroscuros. Hombre conversador y amable, pero con cambios de humor y un carácter bastante adusto. Había que saber tratarlo para conocerlo en su sello más íntimo, como hemos visto. Podríamos creer que Darío pudo hacer lo que hizo solamente por la ayuda de Pedro, pero la verdad es que eso es ser sumamente menospreciativo con el genio del vate nicaragüense. Tanto es así, que ya fallecido Pedro Balmaceda, es el presidente, don José Manuel quien de su venia va a apoyar la carrera del futuro creador del movimiento modernista, con el texto que sería, de hecho, la primera piedra de una celebérrima carrera: el poemario “Azul”. En otra de sus descripciones, el poeta dice del presidente, lo siguiente:
Habría mucho que decir de ese hombre superior, jefe de una grandiosa nación y de una noble y ejemplar familia. EI señor Balmaceda, personaje de rara potencia intelectual además de las dotes de gobernante que posee, es un literato y orador distinguido. Sobre todo en la tribuna, donde ha triunfado más en su vida pública. Su voz es vibradora y dominante; su figura llena de distinción; la cabeza erguida, adornada por una poblada melena, el cuerpo delgado e imponente, su trato irreprochable de hombre de corte y de salón, que indica a la vez al diplomático de tacto y al caballero culto. Es el hombre moderno.
El destino quiso que la estancia de Darío acabase pronto, lo que en parte le evitó conocer la crudeza y los pesares que habrían de acontecer en Chile producto de los funestos acontecimientos de 1891. Sin embargo, la relación entre Darío y los Balmaceda siempre permaneció, a pesar de las distancias geográficas. Muchos años después, con la figura del presidente Balmaceda derrocada por la sedición, el poeta reflexionaba de esta manera con respecto a lo que había sido José Manuel Balmaceda:
Era Balmaceda, a mi entender el tipo del romántico-político y selló con su fin su historia. Era alto, garboso, de ojos vivaces, cabellera espesa, gesto señorial, palabra insinuante, al mismo tiempo autoritaria y meliflua. Había nacido para príncipe y para actor. Fue el rey de un instante de su patria; y concluyó como un héroe de Shakespeare.
“El hombre moderno”, “un romántico político” “con gesto señorial…” Así era visto José Manuel Balmaceda; el presidente, el hombre, el personaje que hasta el día de hoy, en nuestro país sigue dando que hablar.
[1] Licenciado en Historia y Educación por la Universidad de Valparaíso (UV), Chile. Magíster en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
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