Autor: Nicolás Llantén[1]
Mencionaba un joven José Manuel Balmaceda, en 1869, con respecto a las reformas políticas que se pensaban en la época:
“(…) en una palabra, cuando va a reconstruir los fundamentos del edificio político, la ley electoral se reviste entonces de un valor excepcional y verdaderamente extraordinario. Se va a decidir, señores, sobre principios que interesan al individuo, a la familia, a la sociedad, al progreso, a las ideas de la época, de la gran civilización moderna, de la libertad”.
¿De dónde proviene esta idea? Del pensador francés, Jean Jacques Rousseau (1712-1778). En su texto “El Contrato Social” (1762), explica:
“La familia es, pues, si se quiere, el primer modelo de las sociedades políticas: el jefe es la imagen del padre; el pueblo es la imagen de los hijos, y habiendo nacido todos iguales y libres, no enajenan su libertad sino por su utilidad.
Toda la diferencia consiste en que en la familia el amor del padre por sus hijos le remunera de los cuidados que les presta, y en el Estado el placer de mando sustituye a este amor que el jefe no siente por sus pueblos”.
[1] Licenciado en Historia y Educación por la Universidad de Valparaíso (UV), Chile. Magíster en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
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