Autor: Nicolás Llantén[1]

Exponía el presidente Balmaceda, en una reciente visita a la ciudad de Coquimbo, en 1889:

“Un Estado con gran fortuna fiscal y con industrias nacientes y con una riqueza particular que no puede llegar a limites verdaderamente singulares, requiere el perfeccionamiento del hombre, como concepción intelectual que inicia y corno capacidad de producción que enriquece”

¿De dónde proviene esta idea? Del pensador escocés, Adam Smith (1723-1790). En su texto “La Riqueza de las Naciones” (1776), explica lo siguiente:

“El crecimiento y las riquezas de las ciudades comerciales e industriales contribuyó al progreso y cultivo de los países donde se encontraban de tres formas diferentes.

(…) el comercio y la industria establecieron gradualmente el orden y el buen gobierno, y con ellos la libertad y la seguridad de los individuos, entre unos habitantes del campo que antes habían vivido en un estado de guerra permanente con sus vecinos y de dependencia servil con sus superiores”.

[1] Licenciado en Historia y Educación por la Universidad de Valparaíso (UV), Chile. Magíster en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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