Autor: Nicolás Llantén[1]

Don José Manuel Balmaceda, al ser un personaje que tuvo una excelente formación educativa, además de un lector inquieto y de gran apasionamiento por lo que hacía (como ya hemos visto), le permitieron una multiplicidad de aspectos en los cuales pudo desenvolverse. Y a su vez, realizarlos adecuadamente, con muchísima pulcritud y empeño en cada una de las facetas que les correspondían a estos.

Como ya hemos visto, a don José Manuel, las letras y la retórica se le daban bastante bien. Era muy claro que ya, por lo menos en la adolescencia, su destino estaría marcado por los esfuerzos y trabajos en política. Sin embargo, esa misma política también conllevaba una forma de pensar y concebir la humanidad mucho más abierta, moderna y libre, algo que en los años 1850-1860 de nuestro país era bastante precario. Recordemos que eran los tiempos de Montt, presidente autoritario y de tendencia bastante conservadora, el cual, a pesar de los avances llegados al país, imponía la disciplina y el poder del Ejecutivo con puño de hierro.

Balmaceda vivió estos años como una posibilidad. Y así, iniciando la nueva década, pudo abrirse paso en la vida política, siendo comisionado en 1864 para ser secretario personal del (ahora) expresidente Montt, representante del gobierno chileno en el Congreso Americano de Lima. Del mismo modo, también son los años de su afiliación definitiva al pensamiento del Partido Liberal. Por si esto fuera poco, ante el fallecimiento de su padre en 1869, tuvo que hacerse cargo de la herencia familiar, la cual era un peso bastante grande para el joven y recientemente casado, José Manuel Balmaceda. Dicho patrimonio se mantuvo e incluso fue aumentado, como bien reflejaría posteriormente Rubén Darío en una visita a sus propiedades en Viña del Mar, durante 1886. En todos y cada uno de estos ámbitos, el futuro presidente destacó y fue considerado ya como una figura importante dentro del propio Partido Liberal.

Combinado a esta ferviente y multiplicidad de labores, estuvo también involucrado en la prensa de la época. Balmaceda destacó como cofundador de periódicos como “La Patria”, en conjunto con los hermanos Arteaga, y también escribió columnas y reflexiones para otras publicaciones, destacando por su elegante e irónica prosa, así como también por lo inspirada de su retórica. Era sin duda un excelente redactor. Luego, en vista de su meteórica carrera, hubo de incorporarse de lleno a funciones gubernamentales, las cuales pasaron desde el Congreso Nacional, siendo Diputado por Carelmapu (1870-1882) y Senador por Coquimbo (1885-1886), hasta integrar los propios gobiernos de los presidentes Pinto y Santa María, con los cargos de Ministro de Relaciones Exteriores (1881-1882), y Ministro del Interior (1882-1885), cargo que le allanaría sin duda su camino a ser considerado el próximo presidente de Chile para el período 1886-1891.

Todos sabemos lo que ocurrió con su gobierno, sus ideas y sus avances. Muchos se desesperaron y no permitieron que el proyecto cuajara como debía. En parte es por esto también, que estando ya en el puesto de Presidente, con el alzamiento consumado y redactando sus últimas cartas a la familia, en aquella que escribe a su querida Emilia, se pueden comprender de mejor manera esta reflexión:

No pudiendo hacer nada por ellos en este desquiciamiento general, quiero ofrecerles lo único que puedo ya darles: y que los librará en parte de las persecuciones de que son víctimas: el sacrificio de mi persona.

Mi consagración a la vida pública me ha hecho sacrificar en gran parte mis intereses. Necesito ahora ofrecerles a ustedes el sacrificio de mi persona porque así no podrán arrebatarles la fortuna que nos resta y de que ustedes tanto necesitan.

Don José Manuel Balmaceda, el hombre múltiple: el orador, el periodista, el liberal, el diputado, el senador, el ministro y finalmente, el presidente. Todo en una misma persona. Sin duda, uno de los más grandes personajes que ha pasado por la historia de nuestro país.

[1] Licenciado en Historia y Educación por la Universidad de Valparaíso (UV), Chile. Magíster en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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