Como lo ha percibido claramente la opinión pública, don Francisco A. Encina dedica los dos últimos tomos de su Historia de Chile a empequeñecer la personalidad del Presidente Balmaceda, la figura, quizás, hoy más querida de los chilenos.
Frente a la difusión de aquella obra en la que, en forma pretenciosa, se trata de rebajar a tanta gran figura de la patria, en especial a sus verdaderos historiadores, hemos creído necesario publicar en estas páginas de historia un interesante artículo publicado sobre Balmaceda en “El Mercurio” de Santiago al inaugurarse su monumento, órgano de prensa que le había combatido sin igual pasión; dos artículos de rectificación al señor Encina, publicados en “El Diario Ilustrado” por don Raúl Marín; una selección, hecha también por él, de párrafos de los principales discursos de Balmaceda; su programa al aceptar la candidatura presidencial; el manifiesto que dirigió al país el 1º de enero de 1891, en el que explica las razones que lo movieron a declarar vigentes los presupuestos de la Nación; el discurso que pronunció al inaugurar el Congreso Constituyente, el 20 de abril de aquel año, en que da a conocer la génesis de la revolución, sus esfuerzos por evitarla y las medidas de orden constitucional necesarias para evitar en el futuro la lucha entre los poderes del Estado; y la carta dirigida, el 18 de septiembre, a los señores Claudio Vicuña y Julio Bañados Espinosa, llamada “Testamento Político”, en la que explica su conducta durante los meses de la revolución, vaticina el porvenir político de Chile y se despide del país y de sus amigos.
Es el caso de decir que Balmaceda no necesita defensores; esos documentos de su pluma son su mejor defensa ante la posteridad.
El directorio del Club José Manuel Balmaceda