En esta época de nuestra historia, el Partido Liberal dominaba la política. Los dos candidatos a la sucesión de don Federico Errázuriz fueron elegidos por Convenciones liberales. La de los Gobiernos reformistas y disidentes proclamó a don Aníbal Pinto; la de los liberales que se titularon democráticos proclamó a don Benjamín Vicuña Mackenna. Triunfo ampliamente el primero en las elecciones de 1876.
La obra creadora de los anteriores Gobiernos liberales debió suspenderse pues había llegado la hora de defender las conquistas alcanzadas y la integridad de la República. Y así como esos gobernantes liberales habían dado ejemplo de respeto a las ideas y a los derechos de los individuos en lo nacional, y de solidaridad americana en lo internacional, batiéndose en defensa del propio honor y derechos, y de los de las Repúblicas hermanas del Pacífico en la guerra con España, supieron conducir con gloria nuestro destino, en una guerra que nos fue impuesta y que en todo momento quisimos evitar, siempre que se nos tratara con recíproco respeto y espíritu de Justicia.
No nos corresponde en esta reseña relatar la historia de nuestros gloriosos triunfos en la guerra de 1879, sino recordarlos para rendir homenaje al heroísmo de nuestro pueblo y a la prudencia y capacidad de nuestros gobernantes, que obtuvieron de la nada enormes recursos materiales e intuyeron el peligro en que nos encontrábamos, dotando con anticipación a nuestra marina de guerra de los elementos indispensables para afrontar con éxito la superioridad de la armada peruana de entonces.
El Presidente Pinto y su Ministro de la Guerra don Domingo Santa María, Ilustres estadistas liberales, se hicieron acreedores a la gratitud de todos los chilenos.