Don Manuel José Yrarrázaval o don Agustín Edwards Ross pudieron ser el primer Presidente de la República del régimen parlamentario; pero su acrisolada honradez ciudadana les impidió aceptar la candidatura de lo que tan activamente habían contribuido a formar. La voluntad unánime eligió al Jefe de la Escuadra, que había hecho posible el triunfo de la revolución, don Jorge Montt, para el periodo 1891-1896. Hombre sin partido, de gran espíritu cívico, fue el ciudadano indicado para inaugurar el nuevo régimen.

Bajo su mandato se ratifica la reforma constitucional aprobada en el Gobierno de Balmaceda, que amplía las incompatibilidades parlamentarias, y se aprueban reformas sobre veto presidencial, sobre acuerdo del Senado para el nombramiento de Ministros Diplomáticos y sobre facultad a la Comisión Conservadora de convocar al Congreso a sesiones extraordinarias.

Respetuoso el señor Montt de la libertad electoral, vio obtener un brillante triunfo al Partido Balmacedista o Liberal Democrático en las elecciones de 1894. Varios de los políticos proscritos fueron elegidos diputados y senadores.

La dictación de una ley de amnistía viene a reparar las dolorosas consecuencias de una guerra civil y cicatriza las heridas que había dejado.

Don Federico Errázuriz Echaurren, hijo de don Federico Errázuriz Zañartu, es elegido Presidente para el período 1896-1901.

Hombre de gran inteligencia y simpatía, sabe captarse las voluntades y, a pesar de que en su Gobierno ya se anuncian los defectos del régimen parlamentario, tal como se había adoptado, logra reunir una gran mayoría en el Congreso para zanjar las dificultades provenientes de la aplicación del tratado de límites con la República Argentina, promulgado en 1881, sometiéndolas al arbitraje del rey de Inglaterra.

El segundo Presidente Errázuriz se caracteriza por su pacifismo; las relaciones con Argentina quedan plenamente restablecidas en el abrazo del estrecho de los gobernantes de ambas Repúblicas, disipándose para siempre los peligros de una guerra, que en momentos pareció inminente.

Fallecido poco antes de terminar su período, ocupa la Vicepresidencia don Anibal Zañartu.

Don Germán Riesco es el Presidente del período que sigue, 1901-1906.

Magistrado, hombre de derecho, orienta su acción a la codificación de las leyes procesales, habiéndose promulgado bajo su Gobierno los Códigos de Procedimiento Civil y Penal.

En lo internacional, termina la obra de su antecesor, aceptando el fallo de Eduardo VII en el conflicto de límites con la República Argentina y firmando los Pactos de mayo, por medio de los cuales se comprometen ambos países a resolver cualquier dificultad futura, ateniéndose a derecho y por medio del arbitraje.

La acción de este Presidente se vio entrabada por los excesos del parlamentarismo, que lo obligan a cambiar 17 Ministerios.

Don Pedro Montt, hombre de talento, gran ilustración y carácter, como su padre don Manuel Montt, fue el Presidente elegido para el periodo inmediato, que debió abarcar los años 1906 a 1911. No alcanzó a terminarlo, pues falleció en Bremen a mediados de 1910. Le había sucedido en el mando su Ministro del Interior don Elías Fernández Albano, quien también falleció poco después, correspondiendo al Vicepresidente don Emiliano Figueroa presidir las fiestas del Centenario.

Don Pedro Montt vio en parte, anulado su programa de Gobierno, por los excesos del parlamentarismo sin freno que entonces se ejercía. Su noble empeño de ejecutar la conversión metálica, como un medio de promover el progreso y estimular el ahorro, se vio entorpecido por una grave crisis económica que ocurrió en su período y por la falta de cooperación del Congreso.

Sin embargo, grandes obras públicas alcanzaron a ejecutarse, especialmente en materia de escuelas y ferrocarriles.

Don Ramón Barros Luco fue el Presidente elegido por unanimidad para el período 1910-1915. Tenía una edad avanzada y una larga experiencia política; había sido Ministro de Hacienda bajo la Presidencia del primer Errázuriz, en 1871.

Aunque era un hombre en extremo conciliador, debió cambiar frecuentemente el Ministerio y nunca logró formar una combinación de partidos que contara con el apoyo estable del Congreso. Llegó a tal extremo, a este respecto, la licencia parlamentaria, que sólo a iniciativas de algunos políticos serios y responsables logró formar Gabinete para entregar el mando.

Bajo su Gobierno se dicta la Ley General de Elecciones, en la cual se reconoce la existencia de los Partidos Políticos, facultándolos para designar un vocal adjunto, con voz pero sin voto, que asista al funcionamiento de cada Junta o Comisión electoral, y apoderados en las mesas receptoras de sufragios.

Don Juan Luis Sanfuentes sucede al señor Barros Luco en el período 1915-1920.

Hombre de gran talento político, había tenido una gran influencia en la administración de su antecesor, a quien le prestó su decisiva ayuda en la formación de los distintos Ministerios que se vio obligado a designar.

No obstante que el señor Sanfuentes tenía una gran experiencia política, su acción se vio entrabada por los excesos parlamentarios, viéndose también obligados a mantener una permanente rotativa ministerial, en busca de un apoyo en el Congreso, nunca abiertamente otorgado.

Era hermano de don Salvador Sanfuentes, el candidato a la sucesión presidencial de Balmaceda, que renunciara a su postulación, procurando un entendimiento con el Congreso. Con don Juan Luis Sanfuentes volvieron los balmacedistas o liberales democráticos al Gobierno.

Uno de los actos de su administración que más destaca la capacidad de estadista de este Presidente, es haber mantenido la más estricta neutralidad durante la Guerra Europea, no obstante los estrechos vínculos comerciales de Chile con Inglaterra y Francia.

Su política de neutralidad trajo consigo un gran auge económico, habiendo mejorado notablemente el cambio durante su Gobierno.

Fue preocupación esencial de la administración Sanfuentes la promoción de la enseñanza del pueblo; se dicta durante ella la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria.

El señor Sanfuentes observó una absoluta prescindencia electoral, habiendo triunfado bajo su Gobierno la oposición parlamentaria. El jefe de la Alianza Liberal, senador don Arturo Alessandri, fue el encargado de organizar el Ministerio.