El año 1920 fue elegido Presidente de la República el gran estadista don Arturo Alessandri Palma.

Demasiado fresca su memoria para hacer su biografía y para juzgar todos sus actos de Gobierno, que aún en vida de él dieron margen a enconadas controversias, cúmplenos esbozar sus principales iniciativas de éste su primer período presidencial y destacar su obra de rectificación del funcionamiento de los Poderes Públicos, que se había visto entorpecida desde el Gobierno de Balmaceda.

No obstante su gran ascendiente, su acción es obstaculizada y se ve obligado a cambiar frecuentemente de Ministros.

Desde 1891 hasta 1924 se sucedieron 121 Ministerios, permaneciendo en sus cargos algunos, periodos absurdos. La administración pública se habría quebrantado seriamente, si no hubiera sido porque se tuvo la prudencia de mantener a los Subsecretarios, en los cuales recaía, a menudo, la labor de gobernar al país.

Alessandri, con su clara visión de estadista, comprendió que el régimen parlamentario, como se practicaba en Chile, no podía continuar.

La característica del parlamentarismo, como ya lo hemos dicho, es la extrema responsabilidad de los Ministros, debiendo retirarse de sus cargos por haberles negado la mayoría parlamentaria un voto de confianza. Es el predominio del Congreso sobre el Ejecutivo; más que eso, es el Gobierno de las mayorías parlamentarias a través del Ministerio.

Rousseau decía:

«La función de legislar no es de magistratura…es una función particular y superior que no tiene nada de común con el imperio humano, porque si quien manda a los hombres no debe ordenar a las leyes, el que ordena a las leyes no debe hacerlo a los hombres; de otro modo, estas leyes, ministros de sus pasiones, no harían frecuentemente sino perpetuar sus injusticias; nunca podría evitar que miras particulares alterasen la santidad de su obra».

Parecería preferible seguir el consejo del autor del Contrato Social. Sin embargo, el régimen parlamentario se practica con éxito en Inglaterra; pero con los complementos indispensables para su normal funcionamiento.

Desde luego, allí existe una oposición perfectamente organizada. Hoy día presenciamos el proceso de designación de Jefe del Partido Laborista, que sucederá al recientemente fallecido «Jefe de la Oposición de su Majestad», cargo reconocido por la ley y remunerado por el Tesoro. Así, la oposición está preparada a asumir el Gobierno en cualquier momento; dispone de un equipo perfectamente capaz de cumplir la labor ejecutiva.

En cambio, en Chile se observó durante el régimen parlamentario una absoluta desorganización de los partidos. Desde luego, su fraccionamiento en seis, a lo menos, diferentes tiendas políticas, hacía imposible la cohesión consubstancial a una oposición organizada. Fue éste el más grave obstáculo al éxito del régimen parlamentario y lo será ante cualquier intento futuro de restablecerlo, porque el fraccionamiento partidista es característica de nuestra idiosincrasia política.

Complemento de todo régimen parlamentario, de que el nuestro careció, es la facultad del Ejecutivo de disolver el Congreso. Es una consulta al pueblo soberano sobre si debe seguirse la orientación del Gabinete o la de la mayoría del Parlamento disuelto. Es, también, un freno a la facultad fiscalizadora desorbitada, ante el temor de los parlamentarios de no ser reelegidos.

Tenía el Presidente Alessandri un gran instinto político y observó que la opinión pública exigía perentoriamente una enmienda, que permitiera hacer obra efectiva en materia de legislación y de Gobierno, poniendo fin a la esterilización de las iniciativas del Poder Ejecutivo. No obstante haber contribuido a la obstrucción parlamentaria siendo Diputado, tuvo el valor de confesar su error de juventud, y propició y obtuvo en el plebiscito verificado el 30 de Agosto de 1925, la aprobación de la reforma de la Constitución de 1833, la cual se promulgó el 18 de Septiembre de 1925 como Constitución Política de la República de Chile.

Leyendo las actas de la Comisión de Reforma de la Constitución, se puede apreciar el conocimiento profundo del Derecho Público que tenían don Arturo Alessandri, que la presidia, y otros eminentes miembros liberales de ella, como don Luis Barros Borgoño y don Eleodoro Yáñez, por no nombrarlos a todos.

En virtud de la Constitución de 1925, es atribución especial del Presidente nombrar «a su voluntad» a los Ministros de Estado, los cuales ya no son más responsables que por los delitos y abusos de poder que la misma Constitución indica, previa declaración de culpabilidad por el Senado, en acusación entablada por la Cámara de Diputados y reuniéndose las mayorías especiales que la misma Constitución establece.

Con este golpe de timón en la política chilena, que nuestra realidad hacía indispensable y que este estadista hizo posible, volvió nuestra Constitución a tener carácter presidencial, facilitándose al Ejecutivo la orientación constructiva que es imprescindible en toda labor de Gobierno.

Otra gran obra del Presidente Alessandri es haber hecho posible con el Arzobispo don Crescente Errázuriz la separación de la Iglesia del Estado. En lo sucesivo tendrán su campo de acción perfectamente definido, aquella en lo espiritual y éste en lo político y administrativo. Los bienes de esta medida los palpamos a cada momento, observando la extrema tolerancia y respeto a la Iglesia Católica de los sucesivos Gobiernos que desde entonces han existido, cualquiera que haya sido el grado de religiosidad o agnosticismo de los diversos Presidentes que se han sucedido.

Ese gran instinto político del Presidente Alessandri y una sincera inquietud de protección a los asalariados, lo hizo ser el campeón de las reformas sociales, satisfaciendo el anhelo de justicia social de las clases obrera y media, dictando el Código del Trabajo y una serie de leyes sociales, que colocaron a Chile de golpe en un puesto de avanzada en materia de política social.

La dictación de la Ley de Elecciones, que hasta poco nos rigiera en todo su integridad, propendiendo a la pureza del sufragio y a la corrección de los procesos electorales, y la creación de un Banco Central que regulara el circulante, son otras de las grandes obras del primer período en que desempeñó la Presidencia este gran político liberal.